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Nathalie Blanchard es una canadiense de 29 años. Su vida transcurría normalmente: familia, trabajo y amigos, hasta que una severa depresión y su cercanía a las redes sociales cambiaron su vida para siempre. Por los desafortunados episodios que le tocó vivir, Nathalie se declara abiertamente como una “Víctima de Facebook” y es que nunca dimensionó que una ingenua publicación la llevaría a empeorar aún más su salud, a perder definitivamente su trabajo y hasta su casa.

Todo comenzó con un extremo diagnóstico médico, Nathalie debía dejar transitoriamente su trabajo en IBM para someterse a un tratamiento intensivo. Su propio psiquiatra le recomendó fortalecer su vida social, visitar a sus amigos, a sus seres queridos, rodearse de su familia. Incluso, se le aconsejó hacer un viaje junto a su madre, que era uno de sus sueños no cumplidos. Apegada a la prescripción médica, Nathalie fue a México y disfrutó de 4 inolvidables días en Cancún.

Hasta aquí todo iba bien, pero ella decidió compartir esos buenos momentos en Facebook y aquí comenzó su odisea. La empresa aseguradora Manulife, encargada de pagar su licencia médica, suspendió unilateralmente los cheques. Esto, después que sus ejecutivos detectaran las fotografías publicadas en su perfil de Facebook y consideraran que “a juzgar por las imágenes”, la joven estaba perfectamente de salud, disfrutaba con sus amigos y paseaba por la costa mexicana. Nathalie no tuvo a la vista algunas de las características de Facebook.

“La aplicación News Feed en Facebook, consigue que cualquier cosa que se publique, esta se envía inmediatamente a los contactos y se publica viceversa en la red social, de esa forma ya no es necesario buscar algo importante de un contacto, ya que la respuesta será instantánea”.(Homo Interneticus, 2012)

La aseguradora no dio pie a apelaciones, Nathalie dejó de percibir su sueldo y con sus papeles manchados buscó por meses un nuevo trabajo sin poder encontrarlo, lo que la llevó hasta a perder su casa por la falta de dinero. Ni siquiera la prescripción médica hizo a la aseguradora cambiar su resolución.

Casos como el de Nathalie dan cuenta de la importancia de dimensionar lo potente que puede llegar a ser Facebook. De inofensiva nada tiene esta red social, sobre todo si no tiene filtros de privacidad activados, que impidan que una publicación sea usada con un fin distinto al que se busca. Facebook es una ventana abierta a tu vida y al compartir un comentario, publicar una fotografía o situar el lugar dónde estás, se debe tener en cuenta que cualquiera de esos datos pasa a ser de dominio público con el consiguiente peligro que ello implica.

En Chile no estamos ajenos a esta realidad. Las redes sociales llegaron para quedarse y son muchos quienes aún no dimensionan que postear cualquier pensamiento u opinión, puede ser usado en su contra y llegar a tener gran repercusión mediática. Ese fue el caso de Erika Silva, ex jefa de Gabinete de la Dirección Sociocultural de La Moneda, que hasta el año pasado, era dirigida por el hijo de la Presidenta Michelle Bachelet: Sebastián Dávalos.

En medio del escándalo del crédito -que el hijo de la Mandataria pidió al Banco de Chile – Erika usó su cuenta de twitter para hacer particulares descargos contra el entonces Ministro del Interior, Rodrigo Peñailillo, quien habría sido según la versión de Erika Silva, el que decidió que la Presidenta no suspendiera sus vacaciones en Caburgua para venir a hacer frente a la controversia.



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Los tuits de Silva generaron amplio interés mediático, la mujer fue trendic topic por varios días. La prensa estuvo detrás de su figura, querían tener sus declaraciones, que explicara el por qué una personera actual de Gobierno, apuntaba sus dardos directamente hacia un Ministro en ejercicio. Horas más tarde, en Palacio se decidió remover de su cargo a la asesora tras la polémica generada en twitter.

Finalmente, la prensa encontró a Erika, lograron sus descargos en pleno patio de Los Naranjos, lo que en vez de acallar las críticas las acrecentaron aún más. “No saben lo cómodo que es ganar 3 millones 700 mil pesos y sentarse en la oficina de Allende, no saben lo que eso significa para una socialista, pero no hay nada mejor que poder decir la verdad”, fue una de las frases más bulladas.





Horas después, sin dimensionar nuevamente el impacto de internet, Erika Silva escribió una vez más en redes sociales. Ahora fue Facebook quien cobijó los dichos de la mujer, en su estado dijo aclarar que ella no fue despedida sino que había presentado su renuncia. Fue una especie de declaración final, un lavado de imagen para alguien que nunca esperó que unos simples tuits se convirtieran en unas verdaderas bombas de racimo en el escenario político.



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Mucho más grave fue la situación de colaboradores del gobierno norteamericano, que no sospecharon que los antecedentes sensibles que aportaron terminarían en conocimiento de todo el mundo gracias a Julian Assange, a quien no le preocupa la seguridad de las fuentes informativas:

“14 páginas en el Guardian, 12 en el New York Time. Es más cobertura que la que hemos tenido en todas las demás filtraciones juntas. Vamos a ganar una guerra de información que va más allá de cualquier alianza que pactemos con los medios convencionales, y quieres echarlo todo a perder por miedo a lo que pueda pasarle a unos cuantos informadores del gobierno norteamericano”. ( El Quinto Poder 2013)

Facebook y Twitter implican grandes riesgos usados sin control, sin medir que todo lo que se publica o se comparte en estas redes sociales puede ser un arma de doble filo. Nathalie lo perdió todo por ingenuas fotografías, que eran parte de su tratamiento médico, mientras Erika perdió su trabajo, su posición política y desestabilizó a un Gobierno completo por sus publicaciones sin filtro. Muestras claras de que el uso de internet SIEMPRE debe ser responsable. Su poder, bien lo sabe Edward Snowder, quien filtró documentos sobre el espionaje que ejerce su país a través de los soportes digitales:

“Desde el año 2011, ellos pueden monitorear mil millones de teléfonos y sesiones de internet simultáneamente, por uno de esos dispositivos y pueden recoger a un ritmo de 125 gigabytes por segundo, lo cual es un Terabit en 10 segundos”. (Citizenfour 2014)

 

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